Myreader.co.uk  
uk news, chat and community
   home   |   control panel login   |   archive   |  
 
politics
animals
announce
censorship
constitution
crime
drugs
economics
electoral
environment
guns
misc
parliament
philosophy
  
 
date: Wed, 03 Jan 2007 21:01:42 GMT,    group: uk.politics.economics        back       
(IVÁN): TRIUNFANDO SOBRE EL MUNDO   
Sábado, 30 de diciembre, año 2006 de Nuestro Salvador 
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica 


(Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) 

(Feliz Prospero Año Nuevo 2007 a todos. Que nuestro Padre 
Celestial y su Hijo amado sigan siendo una gran realidad 
poderosa en sus corazones y en sus almas eternas, también, 
para que su Espíritu Santo con sus muchos dones de regalos 
maravillosos, de milagros y de prodigios sobrenaturales nunca 
deje de ser en sus nuevos días venideros, para que sus vidas 
crezcan por siempre delante de Dios. Porque este es el crecer 
de sus corazones y de sus espíritus humanos que Dios siempre 
ha deseado ver en cada uno de ustedes, mis estimados hermanos 
y mis estimadas hermanas, para que vean la vida infinita, tal 
como siempre ha sido y ha de ser en el infinito, en el cielo. 
Para que verdaderamente vean la vida grandiosa, libre de 
pecado y libre de mentira, de su Dios y Creador y, además, 
por siempre llena de muchas y grandes bendiciones de su 
corazón y de su alma santísima, para que sus corazones 
siempre sientan gozo, felicidad y muchas más bendiciones de 
amor de su Hijo amado y de su Espíritu Santo. Ya que, la vida 
misma de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, ha vencido al 
mundo y a la eternidad, también, del más allá, para bien 
eterno de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad 
entera, en los días largos y sin fin, de nuestro próximo 
futuro celestial, por ejemplo. Pues gócense sus corazones 
grandemente ante su Dios y Creador de sus almas eternas, 
dándole gloria y honra a Él, sólo por medio del nombre 
sagrado de su Hijo amado en sus corazones, porque el mundo ha 
sido vencido por el Espíritu de vida y de poder eterno del 
"Cordero Eterno de nuestro Dios y Padre Celestial. Y Feliz 
Prospero Año Nuevo 2007 a todos, amén.)


TRIUNFANDO SOBRE EL MUNDO 

Nuestro Señor Jesucristo nos ha hablado, como él sólo lo sabe 
hacer, para que tengamos paz los unos a los otros, en todos 
los lugares de la tierra. Ya que, vivimos en un mundo lleno 
de profundas tinieblas, que sólo hacen que el corazón del 
hombre pierda su paz, por cosas que no tienen ningún sentido, 
en muchos casos. Y aunque esto es verdad, en la vida del 
corazón del hombre que no conoce a Dios ni la salvación 
perfecta de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, entonces Dios 
nos pide que seamos fuertes.

Porque siendo fuertes en Él, y en su nombre sagrado, entonces 
seremos llenos de su espíritu de valor y de gran fe, para 
enfrentarnos día a día a la realidad de este mundo vil, y 
vencerlo, de una vez por todas y para siempre, por la gracia 
y la misericordia de Dios. Gracia y misericordia infinita de 
Dios, de las cuales son solamente posibles en el corazón del 
hombre, al creer en su corazón y al invocar con sus labios su 
nombre bendito, ¡el nombre inviolable del Señor Jesucristo! 

Por esta razón, siempre abunden en toda buena obra, de las 
que sólo le agradan a Dios, en su corazón santo, en el nombre 
sagrado de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, sabiendo que 
ninguna obra de sus manos será en vano en la tierra ni en la 
eternidad venidera del nuevo reino de los cielos, por 
ejemplo. Porque todo lo que hagas a favor de los que aman a 
Dios y hasta aun a los que no le aman, porque nadie jamás les 
ha predicado la buena palabra del Señor Jesucristo, entonces 
Dios te ha de recompensar igualmente y grandemente, también, 
para siempre. 

Y esto ha de ser en ti, abundancia de muchas cosas, en la 
tierra y en el cielo, de las cuales le agrada mucho a tu 
corazón y a tu espíritu humano, también, por el bien que 
hayas hecho a cada uno de tus semejantes, para gloria 
infinita de su nombre santo, en tu nueva eternidad venidera. 
Y todas estas, de tus buenas obras, son bendición y felicidad 
ante los ojos de Dios y de sus huestes angelicales en el 
cielo, las cuales te han de seguir por siempre en tu nueva 
vida infinita, en el más allá, en el nuevo reino de Dios.

Pero como Lucifer aun no ha descendido a su lugar de 
condenación eterna, entonces ha de seguir luchando en contra 
de todo lo que honre y glorifique a Dios y a su fruto de vida 
eterna, el Señor Jesucristo, para causarle daño en ti. Para 
hacerle daño una y otra vez al Señor Jesucristo y a nuestro 
Padre Celestial, ya que no tiene nada que perder en su vida 
eternamente condenada, es decir, tal como se lo hizo, por 
ejemplo, en su día de gran mentira, en la vida de Adán en el 
paraíso, para destruir entonces toda vida humana, eternamente 
y para siempre.

Por esta razón, el mismo espíritu de gran maldad, el cual 
primero ataca al Señor Jesucristo en el reino de los cielos, 
en el día de la gran rebelión de Lucifer y de su cortejo de 
ángeles rebeldes, en contra del nombre sagrado de Dios, 
entonces te ha de atacar a ti, también, aun cuando menos lo 
pienses. En verdad, te ha de atacar a ti también, como ataco 
primero a la mujer y luego a Adán, para destruir la semilla 
de vida de la humanidad entera, es decir, tu misma vida, 
desde los días de gloria en el paraíso, hasta tocar tu alma 
en el día de hoy, en donde sea que estés en toda la tierra. 

Y esto ha de ser en ti, una realidad hoy mismo, si tan sólo 
fuese esto posible en ti y así destruirte eternamente y para 
siempre, para que el nombre de Dios ni de su Jesucristo sean 
jamás honrados en tu vida ni en la vida de ninguno de los 
tuyos, tampoco, para siempre. Por esta razón, por causa del 
nombre del Señor Jesucristo muchos ingenuos, sin saber lo que 
están diciendo o haciendo, se levantaran en contra de ti, con 
odio. 

Con oído antiguo, el cual se manifestó en el reino de Dios y 
luego en el paraíso, por ejemplo, del corazón perdido del 
enemigo de toda verdad y de toda justicia infinita, Lucifer, 
para alejarte de Dios y de su Jesucristo, como lo hizo con 
Adán, y así no le puedas dar gloria ni honra a su nombre, 
para siempre. Y este ataque del enemigo no es nada nuevo para 
ningún hombre, porque el Señor Jesucristo ya lo venció en su 
propio terreno y con sus propias palabras mentirosas. Por lo 
tanto, el que venciere este mal en su vida, con los poderes 
sobrenaturales del Señor Jesucristo, entonces éste será salvo 
para Dios y para su nueva vida infinita, en el nuevo reino de 
los cielos.

TU FE EN JESÚS VENCE AL MUNDO

Ya que, todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo, es por 
eso que tu alma aun vive, mi estimado hermano y mi estimada 
hermana. Y ésta es la gloria que ha vencido al mundo: nuestra 
misma fe, la cual hemos recibido de parte de Dios, por medio 
de su Espíritu Santo: al creer en nuestros corazones y 
confesar con nuestros labios: el nombre sagrado de su Hijo 
amado, ¡el Señor Jesucristo! 

Entonces: ¿Quién es el que vence al mundo desde lo profundo 
de su corazón, sino sólo el que cree que el Señor Jesucristo 
es su Hijo amado, el Hijo Viviente de Dios? Porque esta es 
una verdad celestial, que las profundas tinieblas jamás han 
podido confesar con sus labios, desde los días de Lucifer y 
de sus ángeles caídos en el reino de los cielos, como también 
desde los días de Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo, y 
hasta en nuestros días, también, en todos los lugares de la 
tierra. 

Porque los únicos que realmente pueden confesar con sus 
labios, creyendo en sus corazones, de que el Señor Jesucristo 
es el Hijo amado de Dios, son los que aman a Dios, sólo por 
medio de la "unción" (o la llenura) santa del Espíritu de 
Dios. De otra manera, es totalmente imposible que el corazón 
crea y que con sus labios invoque el nombre salvador de su 
vida, ¡el Señor Jesucristo! 

Puesto que, las profundas tinieblas de las palabras 
mentirosas de Lucifer y de la serpiente antigua, de las 
cuales creyeron de todo corazón: Eva primero y luego Adán 
para mancharnos a todos nosotros del espíritu de error y de 
muerte eterna, aun vive en sus tinieblas originales en 
nuestros corazones y, por tanto, en nuestras sangres humanas 
e imperfectas, también. Es por eso, que estamos llamados por 
Dios mismo, desde mucho antes que nos sacase del fango de la 
tierra y nos moldease en sus manos santas, para que venzamos 
a las profunda tinieblas del mundo: al invocar con nuestros 
labios y creer en nuestros corazones, de que "el Señor 
Jesucristo es su Hijo amado". 

Dado que, mayor gloria de milagros, bendiciones, maravillas y 
prodigios tras prodigios en nuestras vidas no existe en el 
cielo ni en la tierra, tampoco, hoy en día ni en la eternidad 
venidera del nuevo reino de los cielos, en el más allá, si no 
creemos que el Señor Jesucristo es el "Ungido de Dios y su 
unigénito", para siempre. Porque el creer con el corazón y el 
confesar con los labios, de que el Señor Jesucristo es el 
Hijo de Dios, es como una puerta que se abre con un camino 
angosto, largo y eternamente glorioso hacia el cielo y su 
Dios Viviente, para comenzarnos a comunicar con él, de 
persona a persona, desde hoy y por siempre. 

Con el fin de que nos bendiga y nos ayude siempre en todas 
las cosas que necesitemos, en nuestras vidas terrenales y 
celestiales también, por ejemplo. Por esta razón, si nuestro 
Señor Jesucristo no hubiese nacido en Israel, entonces el 
mundo jamás hubiese sido vencido con todas sus profundas 
tinieblas del más allá; y esto es peligroso para la 
subsistencia de vida, en toda la creación de Dios del reino, 
de los hombres y hasta del reino de los animales, también, 
por ejemplo. Realmente todo fuera destrucción tras 
destrucción y muerte tras muerte, en todos los lugares de la 
tierra, hasta que la humanidad deje de ser humanidad, sino 
otra cosa. 

¿Qué cosa? Quizá preguntes con un profundo miedo de 
incertidumbre en tu corazón, por todo lo desconocido. En 
verdad, no lo sé, ni me pasa por el pensamiento la más mínima 
idea; realmente sólo Dios lo sabe todo muy bien, en su 
corazón santo y muy sabio, por cierto. Porque los planes de 
maldad y de destrucción eterna han sido en el corazón de 
Lucifer, desde el principio, para no sólo destruir la vida 
santa del reino celestial, como lo intento en su primer 
ataque a Dios y a su Árbol de vida, sino que también lo ha 
sido así en el paraíso y en toda la creación humana. 

Como en la tierra de nuestros días, por ejemplo, cuando vemos 
al hombre siempre desesperadamente tratando de aniquilarse el 
uno al otro, a través de su historia, para enriquecerse a sí 
mismo y a los suyos también, con lo que jamás le perteneció, 
sin importarle nada de nada por el bienestar de los demás. Y 
éste espíritu de error y de mentira, en el corazón del 
pecador y de toda pecadora de la tierra, del ayer y de 
siempre, es el espíritu de pecado de Lucifer, el cual comenzó 
en el paraíso, cuando Eva le creyó a las palabras de la 
serpiente, por vez primera, de parte de Lucifer, para mal de 
muchos. 

Y sólo el nombre de Cristo, en el corazón de Adán, por 
inicio, ha podido vencer eternamente ésta gran maldad, éste 
espíritu terrible de error de Lucifer y de la serpiente 
antigua del Edén, por ejemplo. Entonces la verdadera victoria 
que ha vencido al mundo está solamente en la vida perfecta y 
eternamente santa del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, 
viviendo en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de 
la humanidad entera, como Dios lo intento hacer así en el 
principio con Adán y Eva, en el paraíso, por ejemplo. 

Es más, es por eso que todos los ángeles, arcángeles, 
serafines, querubines y demás seres santos del reino de los 
cielos siempre han sido gloriosos, en todos sus asuntos 
personales ante Dios y ante el Espíritu Santo, en todos los 
rincones del reino de los cielos. Porque la verdad es que el 
Señor Jesucristo vive en sus corazones, desde siempre, desde 
el día que Dios los llamo a su vida santa, en el reino de los 
cielos, por los poderes sobrenaturales de su palabra viva y 
de su nombre santo. Entonces la gloria de cada ángel del 
cielo es de Dios mismo y de su Árbol de vida eterna, también, 
por principio, ¡el Señor Jesucristo! 

Por lo tanto, sólo el nombre del Señor Jesucristo viviendo, 
en el corazón de los ángeles y en el corazón de los hombres, 
mujeres, niños y niñas de toda la tierra, es que realmente 
vence al mundo y a cada una de sus profundas tinieblas, en 
todos los lugares de la tierra. Es decir, en donde sea que 
levanten sus cabezas horribles, las tinieblas de Lucifer, 
para hacer daño a todo lo que Dios y su Jesucristo aman, en 
los ángeles del reino y en los hombres, mujeres, niños y 
niñas, de toda la tierra, también. 

Es por eso, que el espíritu de fe, en el nombre del Señor 
Jesucristo, viviendo en nuestros corazones y en cada momento 
de nuestras vidas, aunque nos demos cuenta o no, es poder de 
Dios, para derribar los más terribles males del corazón 
perdido de Lucifer y de sus ángeles caídos, que nos quieran 
hacer daño y destruirnos, para siempre. Entonces el que cree 
en su corazón y así confiesa ante su Padre Celestial y su 
Espíritu Santo, de que el Señor Jesucristo es su Hijo amado, 
en realidad, ha vencido al mundo no sólo de nuestros días, 
sino el de siempre y en el más allá, también, como en el 
mundo de los muertos, el infierno eterno y candente. 

En otras palabras, el que cree en el Señor Jesucristo y en su 
obra santa y sublimemente gloriosa, la cual lleva acabo sobre 
la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en 
Israel, para ponerle fin al pecado, entonces ha vencido a 
Satanás, al mundo y al fuego eterno de la segunda muerte, en 
el más allá. Es decir, también, que el hombre con Cristo 
Jesús, salvador nuestro, es totalmente libre ante Dios y en 
toda su creación para vivir y para crecer por siempre hacia 
la estatura, perfecta y divina de Dios mismo. Y sólo así 
entonces abrirle paso libre a la nueva vida bendita y 
eternamente honrada de nuestro Padre Celestial en su nuevo 
reino celestial, en el más allá, como La Nueva Jerusalén 
Santa e Infinita de su gran rey Mesías y de sus naciones de 
familias eternas, que sólo aman la verdad y la justicia de su 
Creador Eterno.

Por ello, el hombre que ha nacido de Dios, entonces ha nacido 
de nuevo no para morir, sino para ver la vida eterna, desde 
ya, en la tierra y en el más allá, también, como en su nuevo 
lugar infinito, en el reino de los cielos. Porque es nuestro 
espíritu de fe, centrado en el nombre del Señor Jesucristo, 
en lo intimo de nuestros corazones y de nuestras almas 
viviente de Dios y de su Espíritu Santo, es que realmente 
vence al mundo en nuestras vidas terrenales y celestiales, 
desde hoy mismo y por siempre, en la eternidad venidera. Y 
como nuestro Padre Celestial es mayor que todos en el cielo y 
en toda la tierra, también, para siempre, entonces la 
victoria está de nuestra parte día a día y por siempre; es 
más, escrito está que jamás perderemos ninguna batalla en 
contra de nuestros enemigos eternos, comenzando con Lucifer, 
por ejemplo.

EL QUE VIVE EN USTEDES ES MAYOR QUE TODO ENEMIGO

Por esta razón, ustedes mismos son de Jesucristo día a día y 
por siempre en el más allá, por lo tanto, han vencido al 
mundo en su amor y en su espíritu único de fe, porque el que 
está en ustedes es mayor que el que está en el mundo. Ya la 
oscuridad no reina en sus vidas, como antes. Hoy, sólo la luz 
que ha descendido del Padre Celestial, en la vida gloriosa de 
nuestro salvador Jesucristo, es  que vive en cada uno de sus 
corazones, para entrar desde ahora mismo a la vida eterna, de 
su nuevo reino celestial, en el nuevo más allá, de Dios y de 
su Árbol de vida eterna. 

Por eso es que cada momento que pasa en sus vidas por la 
tierra, entonces es una victoria más para la nueva eternidad 
de nuestro Dios que está en los cielos. Porque lo que Dios ha 
ganado en su Hijo amado, entonces, sin duda alguna, le ha 
ganado todo al maligno, por amor a cada uno de nosotros, en 
nuestros millares, de todas las familias, razas, pueblos, 
linajes, tribus y reinos de la tierra, para jamás vivir en la 
oscuridad, sino sólo en la luz más brillante que el sol, 
Jesucristo. 

Ya que, fue el Señor Jesucristo mismo quien les declara 
abiertamente a sus fieles y sin comparación alguna, de que 
"sólo él es la luz del mundo". Entonces si el Señor 
Jesucristo es la luz del mundo, ciertamente ha vencido a cada 
una de las tinieblas de Lucifer y de sus ángeles caídos, en 
todos los lugares de la tierra, porque la oscuridad ya no ha 
de reinar. La oscuridad ya no ha de reinar, como en la 
antigüedad o como siempre, en nuestros días, por ejemplo, 
sino sólo el Señor Jesucristo, en la vida de todo ser 
viviente, en toda la creación de Dios, comenzando en tu misma 
vida, mi estimado hermano, como lo intento con Adán en el 
paraíso, por ejemplo.

Entonces si realmente vivimos en la luz del Señor Jesucristo, 
de acuerdo a los poderes sobrenaturales, de los dones de su 
Espíritu de fe y de su vida triunfante sobre Lucifer, en la 
tierra de Israel, pues muy pronto y sin más demora alguna, 
hemos de ver de persona a persona a nuestro Padre Celestial 
que está en los cielos. Porque hay poderes milagrosos en el 
nombre del Señor Jesucristo, no sólo para vencer al enemigo y 
a sus secuaces en nuestras vidas cotidianas, sino también 
para ser santos y suficientemente benditos por el Espíritu de 
Dios mismo, para ver a nuestro Dios, en su lugar santo, en el 
cielo, desde hoy mismo, si sólo Dios nos lo permitiese. 

Por esta razón, ustedes mismos son de Dios, porque no sólo 
han salido de sus manos santas, sino de su vida gloriosa, la 
de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, para que 
dominen al enemigo día y noche y por siempre, hasta el fin de 
todas las cosas, para alcanzar nuevas glorias infinitas para 
nuestro Dios. Para que entonces luchen fielmente por su 
gloria santísima en sus corazones y en sus almas eternas día 
y noche, en el paraíso y por toda la tierra, también, para 
alcanzar aun mayores santidades y honras infinitas para su 
nombre, el nombre único y sumamente glorioso de nuestro Padre 
Celestial que está en los cielos, el Señor Jesucristo, 
indudablemente.  

Porque aun las tinieblas del más allá han de dar gloria al 
Padre Celestial, de una manera u otra, pero lo han de hacer 
antes de proceder a su muerte y destrucción eterna, en el 
lago de fuego, su segunda y final muerte, de sus vidas 
rebeldes a Dios y a su Jesucristo, por ejemplo. Porque la 
verdad es que aun Lucifer y cada uno de sus ángeles caídos 
tendrá que arrodillarse ante el Señor Jesucristo y declarar 
que él es el Hijo de Dios, desde tiempos inmemoriales y hasta 
por siempre en la nueva eternidad venidera. 

Para que entonces éste espíritu de maldad y de gran error que 
se ha regado por toda la tierra, en los corazones y en los 
labios de los que no conocen ni aman a Dios, para negar 
erróneamente diciendo siempre, de que el Señor Jesucristo no 
es el Hijo de Dios, pues entonces muera en ellos eternamente 
y para siempre. Porque la verdad es que el día se acerca, en 
el cual, todo pecador perdido y toda pecadora perdida, antes 
de entrar a su condena eterna, en el más allá, como en el 
lago de fuego, a su segunda muerte final, por ejemplo, 
entonces ha de tener que por fin confesar con sus labios: la 
verdad de las verdades infinitas. 

Y esta verdad infinita, la cual ya no podrá limpiarle de su 
pecado ni menos salvar su alma de su castigo eterno al 
corazón condenado, para decir abiertamente ante los oídos de 
todos de los que están en los cielos y de los que están en la 
tierra y debajo de la tierra: de que Jesucristo es el SEÑOR. 
Y esto ha de ser declarado abiertamente, para que todos oigan 
y contemple la verdad salir de los corazones perdidos y aun 
en sus tinieblas antiguas del más allá, para gloria y para 
honra infinita de nuestro Padre Celestial que está en los 
cielos. 

(Es por eso, que hoy en día, si aun no has creído en tu 
corazón ni has confesado con tus labios, ésta gran justicia y 
ésta gran verdad celestial, la cual ha descendido del cielo, 
en la vida de nuestro Señor Jesucristo, para perdonar 
nuestros pecados y así salvarnos de nuestra condena, en el 
fuego del infierno, entonces hazlo ya. Confiesa tu verdad y 
tu justicia redentora que ha venido a ti, desde los lugares 
santos del cielo, de donde nuestro Padre Celestial vive, para 
darte vida y vida en abundancia y así no mueras jamás perdido 
en tus profundas oscuridades de las palabras mentirosas, de 
Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo.) 

Y porque son ustedes hechura perfecta de Dios, entonces Dios 
mismo lucha por la vida de cada uno de ustedes día y noche y 
sin cesar jamás, ni por un sólo instante, para derrotar a 
cada una de las profundas tinieblas de Lucifer y de sus 
ángeles caídos, en sus corazones y en sus vidas, en toda de 
la tierra. Porque Dios mismo los necesita limpios del pecado 
y sumamente santos para entrar a su presencia santa, es 
decir, a su vida eterna, en el más allá, en su nuevo reino 
celestial, en una hora crucial de sus vidas, como en estos 
días más que nunca, por ejemplo, mucho antes que sea tarde en 
sus vidas, de hoy en día. 

Por cuanto, Dios los quiere sanar de todos sus males y hasta 
de las enfermedades más rebeldes de sus corazones, de sus 
cuerpos corporales e espirituales, porque para Dios no hay 
nada imposible, en la vida del hombre, de la mujer, del niño, 
de la niña y de toda la tierra, también. Porque es Dios quien 
sana al hombre y a su tierra también. Además, porque Él mismo 
(y no otro) ha vencido a cada una de las tinieblas del más 
allá, como la muerte y sus muchas enfermedades eternas, en la 
sangre y en la vida de todo hombre, por el poder sobrenatural 
de la sangre sagrada de su Hijo amado, su Árbol de vida y de 
salud infinita, el Señor Jesucristo. 

En vista de que, las enfermedades del corazón del hombre no 
sólo son de esta vida de nuestros tiempos, sino de la 
venidera también, como en el fuego eterno del infierno y como 
el lago de fuego, en su segunda muerte final, por ejemplo. 
Pero Dios ya las ha vencido a cada una de ellas, con el amor 
de Cristo; es decir, que Dios ha sanado cada una de tus 
enfermedades rebeldes de tu corazón, de tu cuerpo y de tu 
espíritu humano, si tan sólo crees en la vida santa y 
eternamente honrada de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Y 
esta fe, de su nombre bendito e inviolable tiene que ser en 
tu corazón y en tu vida, también, hoy y en la eternidad 
venidera, para ser libre de los males del enemigo de tu vida 
eterna, Lucifer; y sólo así puedas entonces entrar a la vida 
santa de Dios y de su Jesucristo sano y salvo, para siempre. 

En verdad, muy pronto, Dios mismo (y no otro) ha de levantar 
a todos aquellos que viven en el polvo de la muerte, en todos 
los lugares de la tierra y, también, levantara a todos los 
que duermen en el fondo del mar, para volverles a dar vida y 
vida en abundancia. Porque sólo Él es el soberano de sus 
vidas, en el paraíso y por toda la tierra y aun en sus 
sepulcros, también, por ejemplo; y como Cristo le dijo en su 
día al ángel de la muerte, enemigo eterno de todo hombre, 
mujer, niño y niña de la humanidad entera (de todos los 
tiempos): -¡Muerte, Yo soy tu muerte!

Por lo tanto, todo corazón y todo espíritu del hombre, de la 
mujer, del niño y de la niña de toda la tierra, tiene que 
estar limpio y libre de toda maldad y de todo pecado eterno 
ya, para poder ver la vida, en su luz viviente, es decir, la 
luz misma del Árbol de la vida, el Señor Jesucristo. Y ésta 
renovación del cuerpo y del espíritu interno del hombre no lo 
podrá lograr jamás el hombre: con todos sus conocimientos de 
filosofía, de religión o de ciencias en sus diferentes ramas, 
a no ser que Dios mismo le ayude, por medio de su Espíritu 
Santo y la vida gloriosa de su Hijo amado, ¡el Señor 
Jesucristo! 

Porque la frase de volver "a nacer" no ha salido del corazón 
del hombre, sino de Dios mismo, desde sus lugares santo del 
reino de los cielos. Y esta palabra vino a nosotros, cuando 
el Señor Jesucristo le decía a un líder israelí, por ejemplo: 
Nicodemo tú tienes que volver a nacer, para ver la luz de la 
vida eterna, con tu corazón y con tu alma limpia y, a la vez, 
libre de todo mal de las tinieblas del pecado. Y Nicodemo se 
sorprendió en su corazón, al oír estas palabras salir de la 
boca del Señor Jesucristo hacia él; un termino que jamás 
había oído de nadie, ni de sus amigos más sabios de Israel, 
en aquellos días, por ejemplo. 

Porque la verdad es que estas palabras jamás las habían 
hablado los hombres de toda la tierra, de aquellos días, 
hasta que Cristo mismo descendió del más allá, del trono de 
Dios y de su vida santa del reino de los cielos, para 
manifestarlas a Israel y a la humanidad entera su verdad 
infinita, redentora y toda poderosa. Por lo tanto, para 
Nicodemo éste concepto era totalmente nuevo y, a la vez, muy 
curioso; porque era totalmente contrario a su pensamiento y 
al pensamiento de todo hombre de aquella época, religioso e 
intelectual. 

Por ello, el Señor Jesucristo le hablaba así a Nicodemo, no 
para ofenderlo de ninguna manera, por su manera de ser (o 
pensar) o por sus pecados, sino porque era necesario hablarle 
así, para entonces hacerlo despertar de sus profundas 
tinieblas, las cuales le llevaban a él, como a cualquier 
pecador a su muerte segura y eterna, en el infierno. 
Realmente tinieblas antiguas que tenían su corazón y su mente 
"dormida para Dios" y para la vida eterna de su nuevo 
amanecer, en el más allá, del desconocido reino de los 
cielos, por ejemplo, como La Nueva Jerusalén Infinita de Dios 
y de su nueva humanidad celestial, redimida para siempre con 
la sangre viviente, del "Cordero Escogido de Dios", 
Jesucristo. 

Propiamente, Nicodemo tenia que entender en su corazón, de 
que todo hombre es tan vil y pecador en los ojos de nuestro 
Padre Celestial, que necesita ser regenerada su alma y todo 
su espíritu manchado por las palabras llenas de mentira y de 
gran maldad eterna, de la boca de Lucifer. Palabras hostiles 
que no sólo hablo Lucifer en rebelión a sus ángeles caídos, 
para convencerlos a que le sigan, sino que también le hablo a 
Eva primero y luego a Adán por boca de ella misma y así toda 
la semilla de la humanidad entera fuese contaminada 
eternamente y para siempre, de su mal eterno. Un mal tan 
horrendo, que nada ni nadie podrá jamás limpiar de su corazón 
y de su alma eterna, sino sólo invoca el nombre y la sangre 
bendita y sobrenatural de Cristo en su corazón y con los 
labios de su boca, para que su vida sea librada de todos los 
males del más allá. 

Entonces Lucifer mancha de pecado a Adán, para que sus 
descendientes también "siguiesen", como tú y yo hoy en día, 
por ejemplo, estas palabras llenas de enfermedad y de muerte 
eterna, no sólo en el paraíso sino también en la tierra y en 
el más allá, como en el infierno y finalmente la segunda 
muerte, el lago de fuego. Es por eso, que Dios le ha dado de 
su Espíritu sin medida alguna al hombre, para que su cuerpo 
espiritual y carnal, entonces sean regenerados, recreados y 
renovados solamente posible en un nuevo nacimiento no de la 
carne de sus progenitores, sino de la misma carne, huesos, 
vida, sangre, espíritu y alma de nuestro Árbol Viviente, ¡el 
Señor Jesucristo!

Por esta razón, ustedes son de Dios, no tanto porque Dios los 
formo en sus manos santas, en el día de su creación, sino 
porque tienen un corazón que verdaderamente aman su verdad y 
su justicia infinita, para vencer cada una de las tinieblas 
de toda la tierra, en el nombre soberano del Señor 
Jesucristo. Y si Dios es con ustedes, entonces: ¿Quién podrá 
jamás levantarse en contra de ustedes, esta vida y en la 
venidera? Por eso, han vencido al mundo, por la fe que sólo 
es posible en Cristo Jesús, Señor nuestro en sus vidas; han 
vencido al mundo, porque mayor es el que vive en sus 
corazones, que el que vive en este mundo perdido en las 
profundas tinieblas, de Lucifer y de sus secuaces de gran 
maldad y de engaño eterno.

TEN VALOR: CRISTO HA VENCIDO TU MUNDO

Por eso, les he hablado de estas cosas verdaderas y reales de 
Dios y de su Jesucristo, como siempre, para que en Dios 
tengan paz sus corazones y sus almas infinitas. Porque la 
verdad es que, en el mundo tendrán aflicción, de una manera u 
otra, pero ¡tengan valor sus corazones! Háganse fuertes 
siempre en el SEÑOR, para que jamás les falten el valor de 
Cristo y las fuerzas sobrenaturales de los dones de su 
Espíritu Santo. 

Si, ¡tengan valor siempre, sobre todas las cosas poder de 
Dios y poder de su Espíritu Santo, porque nuestro libro 
eterno, La Santa Biblia, jamás ha mentido, por lo tanto, nos 
declara la verdad de nuestro Dios y de sus tiempos por venir 
e infinitos! ¡Y esto es, de que "venceremos al enemigo", para 
que no se vuelva a levantar jamás a hacer ninguna de sus 
artimañas, en el paraíso, en la tierra, ni menos en el nuevo 
reino de los cielos! 

Entonces: ¡Tenga valor sus corazones vivientes a pesar de 
todo, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, porque 
nuestro Señor Jesucristo ya ha vencido al mundo, para bien de 
Adán y de cada uno de sus descendientes, en sus millares, en 
todos los lugares de la tierra y de su humanidad infinita, 
también, para siempre! Porque sólo Dios, por medio de su 
Jesucristo, podía realmente vencer al mundo con sus profundas 
tinieblas por doquier. Y esta es una obra de Dios, que 
comenzó con su Espíritu Santo, cuando descendía del cielo 
para subyugar cada una de las tinieblas eternas sobre toda la 
tierra (Génesis 1:2), por ejemplo; y esta obra la ha cumplido 
Dios, en cada uno de nosotros, sólo con el nombre del Señor 
Jesucristo en nuestros corazones y en nuestros labios, 
también.

Por lo tanto, el hombre estaba totalmente perdido en sus 
profundas tinieblas, como en los días antes que Dios lo 
rescatase de las profundas tinieblas de la tierra, cuando 
estaba enterrado y perdido eternamente y para siempre en el 
polvo de la muerte, por ejemplo, sin vida y sin fe alguna, de 
ver la luz de su futuro venidero. Es decir, que cuando Dios 
toma al hombre de la tierra, en el puño de lodo de sus manos, 
entonces estaba redimiendo realmente a todo hombre, mujer, 
niño y niña de la humanidad entera, por vez primera, para que 
su vida ya no sea tinieblas, sino ahora luz en abundancia, en 
su corazón y en todo su ser viviente, también.  

Para que entonces pueda vivir su vida normal, no ciego, sino 
con sus ojos abiertos, siempre viendo a su Dios y a su Árbol 
de vida infinita y así entonces pueda ver su fruto de vida y 
de salud eterna delante de sus ojos, para comer de él, por 
siempre. Es decir, alimentarse de Dios y de su Hijo amado, el 
Cristo, día a día y por siempre, en la tierra y en la 
eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos y de su 
gran rey Mesías, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! 

Por eso, Dios nos ha llamado a la paz, para vivir con él. Y 
esto no es a la paz del mundo, como si la tuviera. (No estoy 
diciendo que no haya paz en el mundo), sino a la (paz) de la 
vida santa, del reino de los cielos. Porque la paz del reino 
de los cielos no es la misma ("paz") de la tierra, de 
nuestros días o de siempre, por ejemplo. Porque sólo hay uno 
que le da paz a la vida santa del reino de los cielos y a la 
humanidad entera, también. Y este es el Árbol de la vida, el 
único dador de paz, en el cielo y en la tierra, hoy en día y 
por siempre, en la eternidad venidera, ¡el Señor Jesucristo! 

Entonces el que está en Cristo Jesús tiene vida y paz eterna, 
a la vez, en la tierra y en el reino de los cielos, para 
siempre; es más, esta es la paz que Adán busco y jamás la 
encontró porque rehusó comer de Cristo. Porque la paz que 
Dios nos ha dado, a cada uno de nosotros, es realmente la 
misma paz que el corazón de Dios goza día y noche con cada 
uno de sus ángeles santos y eternos, del reino de los cielos. 
En otras palabras, no hay otra paz igual a la de Dios y de su 
Árbol Viviente, en el corazón de los ángeles y de todos los 
hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, es 
decir, de todos ellos que sólo amen a su Dios y Creador de 
sus vidas, en la tierra y en el cielo, eternamente. 

Porque cualquier otra "paz" humana, es, realmente, 
transitoria, es decir, de corto tiempo o de corto alcance en 
la vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, de la 
humanidad entera. Es más, esta paz provisional y mundana no 
tiene espacio suficiente para recibir y, juntamente, darle al 
corazón del hombre: alegría, gozo, felicidad, descanso, 
sosiego; ni menos puede sanar su corazón ni su cuerpo ni su 
alma, porque es fugaz, comparada con la paz de Cristo que 
puede hacerlo todo perfectamente diariamente y hasta siempre 
en la eternidad venidera. 

Entonces si aman a su Dios y Creador de sus almas eternas, 
pues dejen que su Espíritu Santo rejuvenezca sus corazones, 
sus sentimientos y sus vidas para Dios y para la vida santa e 
infinita de su "Cordero Amado", el Cristo de Israel y de las 
naciones del mundo entero. Porque es la actividad de los 
dones con sus poderes sobrenaturales, en sus espíritus 
humanos, llenos de la fe, del nombre del Señor Jesucristo, 
que hace que muchos milagros, maravillas y hasta prodigios en 
los cielos y en la tierra, tomen lugar a favor de cada uno de 
ustedes. Y esto es así siempre en el cielo o en el paraíso, 
porque así siempre lo ha querido Dios, por su buen corazón, 
por su buen amor, para con cada uno de sus seres creados, por 
su palabra, por su nombre y por sus manos santas, por 
ejemplo.

Porque ningún enemigo de Dios entiende palabra alguna del 
hombre, sino sólo el poder autoritario / dominante, en el más 
allá, de la palabra viva de Dios y de su Hijo, el Señor 
Jesucristo, para que salga de su vida y no regrese jamás; 
como tampoco podrá regresar jamás a nuestro Padre Celestial 
que está en los cielos, por ejemplo. Es por eso, que el 
nombre del Señor Jesucristo es muy importante en nuestros 
corazones; es más, un corazón sin Cristo Jesús no ha de 
conocer la vida jamás, por más rico o sabio que sea en todas 
las cosas que suele ocupar su vida día a día en toda la 
tierra. 

Como ejemplo, podemos recordar al rey Salomón de Israel: él 
tenía muchas riquezas e innumerables; y una de sus mayores 
riquezas de su vida fue su corazón sabio, como ningún otro 
ante Dios y toda su creación, también. Porque Dios le 
prometió a él, que él iba a ser tan sabio, como jamás habrá 
otro igual a él debajo del cielo y en toda la tierra. Y 
siendo el rey Salomón muy sabio, aun así, en su sabiduría se 
aparto de Dios, porque dejo que las cosas del mundo llenaran 
su corazón de sus sabidurías y de los deseos de muchas 
mujeres también. 

Y cuando Salomón se vino a dar cuenta, en done estaba y, a la 
vez, todo lo lejos que se encontraba de Dios y de sus 
mandamientos santos, entonces contemplo en su vida, por vez 
primera, que todas las cosas son vanidades de vanidades. Y 
que lo único que realmente el hombre puede tener en su vida 
para alegrar su corazón y todo su espíritu humano, en todos 
los días de su vida por la tierra, es obedecer a su Dios y a 
sus Santos mandatos, día y noche y por siempre, hasta entrar 
a la eternidad venidera, del nuevo reino celestial. 

Por eso, todo es vanidad para el corazón del hombre en toda 
la tierra, por más rico o pobre que sea, o por más necio o 
sabio que sea su espíritu humano, hasta que finalmente se da 
cuenta, en lo intimo de su corazón, que sólo Dios y su nombre 
santo, es lo mejor de su vida. Y esto es verdad, como ninguna 
otra (verdad), en él (o en ella) día a día y por siempre, 
para vivir su vida sana y saludable eternamente y para 
siempre, delante de la presencia santa de su Dios y Creador 
de su alma viviente, en la tierra y en el cielo, también, ¡el 
Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera! 

EL TRABAJO DEL HOMBRE, EN CRISTO JESÚS, VENCE AL MUNDO

Así que, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, 
estén firmes y constantes, abundando siempre en las cosas del 
SEÑOR que sólo le agrada a él, en sus corazones y en sus 
vidas por la tierra, sabiendo que invariablemente su arduo 
trabajo en Él, no es en vano, de ningún modo. Porque la 
verdad es que toda buena obra llevada acabo, en el nombre del 
Señor Jesucristo, también, vence al mundo y a los enemigos de 
Dios uno a uno, hasta que no quede ninguna de sus maldades y 
mentiras mortales, delante de su presencia santa y la de sus 
pueblos de toda la tierra, también, por ejemplo. 

Porque nuestro Dios es un Dios de venganza en contra del 
pecado y de la mentira de cada uno de sus enemigos, de los 
que siempre han cometido maldades en contra de los demás, es 
decir, de gentes inocentes en todos los lugares de la tierra, 
que jamás desearon hacerle ningún mal a sus enemigos ni a 
nadie, tampoco. Y esto es un mal eterno, que nuestro Padre 
Celestial siempre ha deseado ponerle fin, de una manera u 
otra, en todo hombre, mujer, niño y niña de toda la tierra, 
por el poder de su palabra viva y por los dones divinos del 
nombre santo de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! 

Pero nuestro Dios ha sido muy paciente para con cada uno de 
todos nosotros, no esperando ningún mal que toque nuestras 
vidas jamás, por ninguna razón. Pero, además de todo, siempre 
esperando, en fin de cuentas (o a pesar del pecado de su 
vida), que el hombre le obedezca sólo a él, por medio de su 
Jesucristo. Porque su Hijo amado es "el único posible canal" 
de comunicación entre el cielo y la tierra, de sus corazones 
y de sus vidas, para vencer sus pecados y la muerte eterna de 
sus cuerpos corporales e espirituales, también, en la tierra 
y en el más allá, también, día a día y para siempre. 

De otra manera, han de seguir perdidos eternamente y para 
siempre, en las profundas tinieblas de sus corazones, en 
todos los días de sus vidas por la tierra, hasta que 
finalmente caigan en su lugar eterno y sin Cristo Jesús en 
sus vidas, en el más allá, en el mundo de los muertos, el 
infierno candente y eternamente violento. Y de este lugar no 
se salva nadie, una vez que su alma perdida caiga entre sus 
llamas de la ira y del castigo eterno, por sus pecados y por 
sus culpas eternas, a no ser que sea Jesucristo, porque 
Jesucristo ha sido el único que descendió muerto al infierno 
y salió de él triunfante, para librar a los muertos. Y, 
además, nuestro Dios jamás ha deseado éste terrible mal, la 
muerte eterna del infierno, para ningún hombre, mujer, niño o 
niña de la humanidad entera, sino todo lo contrario.

Podemos recordar, en estos momentos, al hombre rico, por 
ejemplo, en el infierno. Este hombre rico tuvo todo y de todo 
en su vida; ningún gozo y felicidad de su corazón le falto 
jamás. Pero fue muy duro con sus hermanos y hermanas, no 
queriendo compartir nunca de sus bienes con ninguno de ellos, 
cuando estaban necesitados de él. Por ejemplo, Lázaro, éste 
hombre fue muy pobre y hasta enfermo en sus últimos días de 
vida, por la tierra. (Y Dios estaba viendo todo, desde sus 
lugares santos, en el cielo, para ver, quien le ayudaba y 
quien no.)

En realidad, este hombre era pobre, muy pobre, por cierto, 
que no tenía que comer ni menos donde vivir para recostar su 
cabeza y descansar del dolor de sus enfermedades naturales de 
su cuerpo. Lázaro andaba pidiéndoles a otros siempre que le 
ayuden; y la gente de buena voluntad, le ayudaba en todo 
momento; así él pudo vivir el resto de sus días con menos 
dolor posible, hasta que finalmente murió. Lázaro fue 
recibido en el seno de Abraham, en donde esta también nuestro 
Árbol de vida eterna, por ejemplo, en el día que la luz de 
nuestro mundo termino para él. Entonces en el paraíso Lázaro 
comenzó su nueva vida sin dolor alguno, sino lleno de 
felicidad infinita en su corazón, como el hombre más rico del 
reino de los cielos, porque Cristo sigue viviendo en su 
corazón y jamás le ha abandonado. 

Pero cuando el hombre rico murió, entonces su corazón perdido 
y sin Cristo descendió a las llamas eternas del infierno. 
Porque en su vida peco, no tampoco por ser rico sino porque 
desprecio a su prójimo, como a Lázaro, por ejemplo, y porque 
Cristo no había entrado en su corazón nunca. Porque nuestro 
Dios no es Dios de los ricos en su maldad, en su pecado 
eterno, ya que él mismo es tan rico en el reino de los cielos 
y por toda la tierra, como nadie más, sino que es rico para 
con los que aman a su Hijo amado, en lo intimo de sus 
corazones; en verdad, Dios si es muy rico para con ellos, en 
la tierra y en el cielo, para siempre. Porque todo lo ha 
creado nuestro Padre Celestial, sólo para el bien del hombre 
que le sabe amar a él y a su Árbol de vida eterna, el Señor 
Jesucristo, día a día y por siempre, en su corazón y en toda 
su vida eterna en la tierra y en el paraíso, también, para 
siempre.  

Empero, esto jamás lo entendió el hombre rico, pues estaba en 
sus tinieblas eternas de las riquezas de su mundo infame y 
egoísta; pues tan perdido como el mismo diablo del infierno, 
Lucifer, por ejemplo. Por ende, el hombre rico murió en su 
maldad, de no haber vencido jamás en su vida al mundo, el 
mundo en donde vivía y le rodeaba día y noche con los afanes 
de sus muchas riquezas que cegaban su corazón, sin ver jamás 
como ayudar a su prójimo, para agradar a su Dios, que siempre 
lo ve todo. Pero, sin embargo, Lázaro venció al mundo, aun 
siendo pobre y sin ningún poder en su corazón, salvo el 
nombre de Cristo. Porque Lázaro amaba a Dios en su corazón, 
con su espíritu de fe pobre, aun más pobre que todos los 
pobres de la tierra, de aquellos días, pero su amor por Dios 
siempre fue sólo por medio de Jesucristo cada día de su vida, 
hasta que dejo de existir para el mundo. 

Entonces Dios le amaba a Lázaro, también, eternamente y para 
siempre por amor a su Jesucristo y por amor a sus muchas 
buenas promesas de vida y de salud eterna, para con los que 
le son fieles a él y a su vida santa y eternamente gloriosa 
de su Jesucristo, por ejemplo, en el paraíso y en la tierra. 
Y, hoy en día, Dios sigue amando a Lázaro, con el mismo amor 
de siempre y hasta quizá mucho más que antes, porque el 
nombre del Señor Jesucristo es mucho mayor que antes en su 
corazón y en su nueva vida infinita, en el paraíso. Es decir, 
también, que el corazón de Lázaro, como cualquier otro 
corazón del hombre, una vez, que el nombre del Señor 
Jesucristo entra en su vida, entonces "el amor de Dios 
empieza", para jamás dejar de ser, sino que ha de crecer por 
siempre, en la nueva eternidad venidera. 

En verdad, como el Señor Jesucristo siempre les enseñaba a 
sus apóstoles y discípulos por doquier, en todo Israel: una 
vez, que su nombre santo entra en sus vidas; es decir, que 
crean que Él es el Hijo amado de Dios en sus corazones, "sólo 
entonces el amor de nuestro Padre Celestial empieza en sus 
vidas en serio". Entones el amor de Dios empieza con 
formalidad celestial, en cada uno de sus corazones y de sus 
vidas no sólo en Israel sino que en todos los rincones del 
mundo, para jamás dejar de ser, sino que ha de crecer día y 
noche e infinitamente aun en sus nuevas vidas infinitas, como 
en el nuevo reino celestial, por ejemplo. (Y en esta vida 
nueva e infinita, cada una de las buenas obras de los 
hombres, mujeres, niños y niñas, ha de ser recordada una a 
una delante de Dios y de sus ángeles santos; y todas las 
malas obras habrán desaparecido, en el fondo del abismo, para 
jamás volverlas a ver o recordar, eternamente y para 
siempre.)

Ahora, si desean que todas sus obras siempre permanezcan para 
siempre en sus vidas terrenales y así como en sus vidas 
celestiales, como en el paraíso o como en La Nueva Jerusalén 
Santa e Infinita del nuevo reino de los cielos, por ejemplo, 
entonces hagan todo siempre para agradar a Dios, en el nombre 
bendito de su Hijo amado. Porque sólo el nombre sagrado del 
Señor Jesucristo "ha vencido al mundo" y, a la vez, permanece 
para siempre en el corazón de Dios y de cada uno de sus hijos 
e hijas. Y esto es de todos los hombres, mujeres, niños y 
niñas de todas las naciones, comenzando con Israel, de hoy y 
de siempre, por ejemplo. 

Porque fue con la familia de Israel que Dios primero empezó a 
manifestar su amor por la bendición y la salvación de la 
humanidad entera, la cual comenzó con Adán, en el paraíso, 
para que luego se regase en toda la tierra, como sucede hoy 
en día, cada vez, que el nombre de Cristo es predicado para 
bien de muchos. Además, esta predicación de Cristo ha sido 
igual día a día, en todos los lugares del mundo entero, cada 
vez que nacía un niño o una niña y hasta que llegaste tú 
mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para 
conocer tu salvación y vencer al mundo, para gloria y para 
honra infinita, de nuestro Padre Celestial. 

Ya que, Dios ha puesto a Adán y a cada uno de sus 
descendientes, comenzando con Eva delante de su presencia 
santa, por ejemplo, para vencer al mundo, sólo por medio de 
la invocación y del espíritu de fe, del nombre del Señor 
Jesucristo, en el corazón de todo hombre, mujer, niño y niña 
de la humanidad entera. Y una vez que todo el mundo haya sido 
vencido, en el corazón de cada uno de sus hijos e hijas, de 
todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos 
de la tierra, entonces comenzar la nueva vida, en la tierra, 
de nuestros tiempos, por ejemplo, para que nunca muera en su 
nuevo reino celestial, en el más allá. 

Y esto ha de ser realmente, con nuevos cielos y con nuevas 
tierras, para honrar y para glorificar a nuestro Dios y Padre 
Celestial por siempre, en nuestros corazones y en nuestras 
vidas, limpias y libres de toda posible contaminación de las 
palabras del pecado original, de Lucifer y de Adán, por 
ejemplo. Entonces mis estimados hermanos permanezcan por 
siempre fieles a Dios, porque han vencido al mundo, al creer 
en sus corazones y así confesar con sus labios, que el Señor 
Jesucristo es su Hijo amado, para gloria y para honra 
infinita de nuestro Padre Celestial que está en los cielos, 
siempre esperando por ustedes, que reciban su "dádiva" de 
vida eterna.

EL QUE PERMANECE EN CRISTO JESÚS VENCE AL MUNDO DIARIAMENTE

Y serán vistos con malos ojos de todos, en muchos lugares de 
la tierra, por causa de mi nombre, les decía el Señor 
Jesucristo a sus apóstoles y discípulos, por donde sea que 
fuese en todo Israel. Ni aun en sus últimos momentos de su 
vida santa y mesiánica dejo de hablarles así a sus fieles de 
siempre y de los que habían de venir después, por ejemplo, 
por el testimonio santo y firme de su vida perfecta 
manifestadas por las palabras de sus siervos y de sus siervas 
fieles a Él y a su nombre redentor. 

Porque las tinieblas del corazón del hombre pecador y de la 
mujer pecadora son muchas, pero jamás más poderosas que Dios 
y que su Jesucristo. Porque toda palabra de Dios es vida, por 
lo tanto, su contenido en el corazón del hombre es de poder 
en poder, de gloria en gloria, para manifestar las abundantes 
maravillas, milagros y prodigios indescriptibles de Dios en 
toda la tierra, para bien eterno de todo hombre, mujer, niño 
y niña de la humanidad entera. Porque ellos han vencido al 
mundo también, como todos los ángeles santos del reino y como 
todos los patriarcas y fieles a Dios de la antigüedad y de 
siempre, sólo por medio del nombre y de la sangre bendita del 
Señor Jesucristo.

Es por eso, como está escrito en las escrituras: el que 
persevere hasta el fin, amando a Dios y a su Hijo, en lo 
profundo de su corazón, entonces éste será salvo para la vida 
santa, del nuevo reino de los cielos, en el más allá, para la 
eternidad venidera. Y quien le ayuda a perseverar hasta su 
último soplo de vida por la tierra, al hombre, a la mujer, al 
niño y a la niña, ha de ser Dios mismo con sus dones de su 
Espíritu Santo y con la vida misma, llena de glorias, de 
santidades y de honras perfectas de su Hijo amado, ¡el Señor 
Jesucristo!

Para que entonces sus hijos e hijas vivan y no caigan jamás 
en la maldad de sus enemigos habituales, en esta vida ni en 
la venidera, tampoco, para siempre. En verdad, el poder del 
enemigo ha sido desde siempre "odiar a Dios y el nombre 
sagrado de su Hijo amado"; un nombre tan santo y tan 
glorioso, que jamás ha sido menor que ningún otro nombre en 
el reino de los cielos ni menos en toda la tierra. Realmente, 
este es el nombre celestial que Lucifer intenta humillar, 
exaltando su nombre inicuo en el corazón de sus ángeles 
rebeldes y así también en el corazón de Adán, para alcanzar, 
al fin, a cada uno de sus descendientes, de todos ellos que 
habrían de nacer para vivir en el paraíso y en toda la 
tierra, también, por ejemplo. 

Porque el designio del corazón perdido de Lucifer era de 
humillar y hasta destruir por completo el nombre santo del 
Señor Jesucristo, por la simple razón de que sólo él es su 
Hijo amado, en el reino de los cielos, en la tierra y en toda 
su creación eternamente y para siempre. Y como el Señor 
Jesucristo no hay otro igual, tan glorioso y tan santo para 
honrar y para agradar por siempre, el corazón santísimo de 
nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces el 
odio de Lucifer hacia Cristo es cada vez mayor que antes. El 
cual se ha regado por toda la tierra, como flor silvestre, en 
todos los corazones de gran error, de los pecadores y 
pecadoras perdidos en su maldad eterna, para odiar a los que 
tienen sed de justicia y hambre por la verdad de Dios y de su 
Jesucristo, por ejemplo, en la tierra y en el paraíso, para 
siempre. 

Además, ésta gran verdad es justicia infinita de bendición y 
de salvación eterna para el corazón, no sólo de los ángeles 
del reino de los cielos sino también para todo hombre, mujer, 
niño y niña de la humanidad entera, comenzando con Adán, en 
el paraíso, por ejemplo. Porque ésta es una verdad de 
justicia celestial e infinita, la cual hará crecer el corazón 
del ángel y así también el corazón del hombre de toda la 
tierra, para no sólo amar a su Dios, sino para conocerle cara 
a cara, tal como Él siempre ha sido desde los días de la 
antigüedad y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. 

Es decir, esto es de conocerle a nuestro Padre Celestial, de 
la misma manera, como siempre le ha conocido su Hijo amado, 
ni más ni menos, a través de los siglos y hasta nuestros 
días, por ejemplo, en el reino de los cielos y en toda su 
creación. Porque sólo el Señor Jesucristo tiene en si, el 
espíritu de la verdad, de la justicia infinita, para conocer 
a nuestro Padre Celestial, en su perfecta santidad y gloria 
celestial, en el reino de los cielos, en la tierra y en toda 
su nueva creación, como La Nueva Jerusalén Santa y Eterna, 
por ejemplo, del más allá. 

Es por eso, que el espíritu de error envidia extremadamente a 
todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, 
porque cada uno de ellos tiene "el potencial" en su corazón 
y, a la vez, la promesa divina del mismo Señor Jesucristo 
para conocer a su Padre Celestial, en su día celestial, en el 
cielo. Y esto ha de ser una realidad muy pronto con cada uno 
de ellos, sus fieles eternos al nombre santo del Señor 
Jesucristo, en sus corazones y en sus vidas en la tierra. 
Porque Dios ama y añora cada día conocer personalmente a cada 
uno de sus hijos e hijas, de los fieles perfectos en sus 
corazones: al nombre santo de su Hijo amado, quien 
verdaderamente ha traído tanta honra, tanta alegría, tanta 
paz y tanto amor con muchas más de sus glorias y santidades 
infinitas al corazón de nuestro Padre Celestial.

Es decir, entonces de conocer a Dios, de la misma manera como 
su Hijo amado, el Señor Jesucristo, siempre le ha conocido a 
Él, como a su único Padre Celestial, a través de siglos 
inmemorables, de eternidades olvidadas, del más allá, de su 
viejo reino celestial y hasta de nuestros tiempos modernos, 
también, por ejemplo. Por esta razón, para nosotros poder 
conocer a Dios, entonces tenemos que conocer al Señor 
Jesucristo no de vista ni de oído, sino desde lo profundo de 
nuestros corazones y con todos los dones de poderes 
sobrenaturales de su Espíritu Santo; porque de otra manera, 
entonces jamás veremos a Dios, ni menos le vamos a conocer, 
como nuestras almas pueden. 

Es por eso, que el odio del espíritu de error de Lucifer, en 
su corazón y en los corazones de sus seguidores, como ángeles 
caídos u hombres y mujeres de gran pecado y de gran mentira 
de toda la tierra, del ayer y de siempre, es tan grande hacia 
todo lo que es de Cristo o que ame a Dios. Por esta razón, el 
Señor Jesucristo les aseguraba no tanto a los ángeles del 
cielo, sino a los hombres, mujeres, niños y niñas de la 
humanidad entera, que serán aborrecidas por mucha gente, por 
causa de su nombre inviolable. Porque el enemigo ha de querer 
humillar a Dios y al nombre santo de su Hijo amado, pero no 
podrá jamás, como no pudo en el reino de los cielos, en el 
día de su gran rebelión hacia Dios y hacia su Árbol de vida 
eterna, por ejemplo, el Cristo de Adán y de la humanidad 
entera.

Porque el nombre del Señor Jesucristo es "inviolable", y esto 
es algo que Lucifer jamás logra entenderlo en su corazón 
perdido en sus profundas tinieblas, por lo cual, es imposible 
de humillar y de esclavizar, en el cielo ni menos en la 
tierra. Ni menos en la tierra, de nuestros tiempos, como en 
Israel, por ejemplo, porque es en donde su sangre santa ha 
salpicado, desde su cruz redentora, su Árbol de Vida 
infinita, para ponerle fin a todo pecado y cada una de las 
tinieblas eternas, con tan sólo invocarle a Él, en su nombre 
santo y eternamente sobrenatural. 

Dado que, Cristo es tan glorioso y tan honrado, que el 
corazón de Lucifer, como los corazones de los ángeles caídos, 
sólo deseaban tenerlo en sus pechos o ser como él mismo: ¡El 
Santo de Dios!, ¡El Ungido de Dios! Pero esto es imposible 
para cada uno de ellos; dado que, no hay misericordia alguna 
posible de parte de Dios, para ninguno de ellos, jamás, en 
esta vida ni en la venidera, tampoco, para siempre. Entonces 
como los ángeles caídos no podían con él ni menos con su 
sabiduría infinita, por su inferioridad a la naturaleza 
eterna de Cristo, en la vida santa del reino de los cielos, 
entonces decidieron odiarle por siempre, con un espíritu 
eterno de rebelión indescifrable, no sólo en sus corazones 
sino también en los corazones de gentes de mentira eterna. 

Es decir, también, de que si tú amas a Dios, mi estimado 
hermano y mi estimada hermana, ha de ser porque el nombre 
santísimo de su Hijo amado, el Señor Jesucristo, vive en ti. 
Y si el nombre del Señor Jesucristo vive en ti, entonces no 
sólo eres conocido por Dios, sino también por sus ángeles 
santos y hasta por sus enemigos eternos, en el más allá. Y 
ellos no están ahí para amarte, sino para odiarte, por causa 
del nombre sagrado del Señor Jesucristo; pero no les temas, 
ellos jamás podrán hacerte ningún mal; es más, es por eso que 
te odian tanto, porque deseando hacerte el mal, entonces no 
pueden, porque el nombre de Cristo es inviolable en tu vida, 
para siempre.

Entonces ahora como amas a Dios y a su Jesucristo en tu 
corazón, no sólo eres conocido y amado en el cielo, sino que 
también eres conocido en el bajo mundo de los muertos y 
odiado por su espíritu de error que reina en cada uno de 
ellos. Es por eso, que has de ser odiado por todos, en todos 
los lugares, en donde la gente no ama a Dios ni a su 
Jesucristo, tan sólo por causa del nombre salvador e 
inviolable de nuestro redentor eterno, nuestro gran rey 
Mesías, el Hijo de David, el Cristo. 

Pero no te importe jamás, cuanto te odia Lucifer y su 
espíritu de error en los corazones de sus ángeles caídos o de 
la gente de gran mentira de la tierra, porque tu salvador 
eterno, el Señor Jesucristo, ya venció tu mundo y el mundo 
personal de todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad 
entera, para que vivan. Es decir, si cada uno de ellos tan 
sólo cree en Jesucristo, en lo profundo de su corazón y, 
también, en su gran obra infinita, llevada acabo en las 
afueras de Jerusalén, para cumplir la Ley Celestial con 
sangre, para entonces ponerle fin al pecado de la tierra y de 
su humanidad infinita, y sólo entonces vean la vida 
eternamente. 

Porque el Señor Jesucristo no sólo ha vencido la vida 
pecadora y el mundo entero, cruel y lleno de trampas 
mentirosas del enemigo, sino también la eternidad. Si, 
nuestro Señor Jesucristo ha vencido por siempre la eternidad 
venidera, para bien de cada hombre, mujer, niño y niña de la 
humanidad entera, que tan sólo le invoque a Él, en su nombre 
santo, en lo profundo de su corazón, para gloria infinita de 
nuestro Dios, de su Espíritu Santo y de sus huestes 
celestiales del reino del cielo.

LO QUE NACE DE CRISTO EN TI, VENCE AL MUNDO

En verdad, nada que ha nacido de Dios, jamás ha sido superado 
por Lucifer ni por ninguno de sus ángeles caídos, ni menos 
por el hombre de pecado de toda la tierra. Por lo tanto, si 
el nombre del Señor Jesucristo nace en tu corazón, con el 
nuevo amanecer de la nueva resurrección de Dios y de su 
Espíritu Santo en Jesucristo, entonces jamás el enemigo de tu 
alma y de toda tu vida te podrá vencer; es más, nadie podrá 
vencerte nunca, si Cristo vive en tu corazón. 

Porque lo que ha nacido en ti, en el día que el Señor 
Jesucristo entro en tu vida, entonces es el comienzo de tu 
nueva vida infinita, la cual perdiste en el paraíso (y no en 
la tierra) por culpa de las palabras mentirosas, en el 
corazón de Eva y de Adán, para que muera tu alma para 
siempre. Es decir, que Lucifer ya quería destruir tu vida, 
desde los primeros días de vida de Adán, en el paraíso 
celestial, pero Cristo lo venció por amor ti, siempre por a 
ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana; para que vivas 
y jamás veas al ángel de la muerte en tu corazón, ni menos en 
tu alma eterna.

Pero Dios te ha redimido venciendo a Lucifer y cada una de 
sus profundas tinieblas en toda la tierra y en el más allá, 
también, como el ángel de la muerte, el infierno y la segunda 
muerte de tu alma viviente, en el lago de fuego, por ejemplo. 
Todas estas grandes maldades de Lucifer y de su castigo 
eterno, el Señor Jesucristo las ha vencido por amor a ti, 
destruyendo los poderes sobrenaturales del pecado y de sus 
muchas enfermedades, en la tierra y en el más allá, también, 
para siempre, para que tu alma viva y no vea el mal del ángel 
de la muerte, jamás.

Es por eso, que cada vez, que el nombre del Señor Jesucristo 
es creído en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña, 
entonces una nueva vida infinita empieza formalmente con el 
espíritu de amor eterno, de Dios y de su Hijo amado, el Señor 
Jesucristo, para jamás morir en su nuevo reino celestial, en 
el más allá. Y esto ha de ser, por ejemplo, como en el 
paraíso o como en su nueva ciudad celestial, La Nueva 
Jerusalén Santa e Infinita de su gran rey Mesías, el Hijo de 
David, ¡el único Cristo posible para Israel y para la 
humanidad entera!

Por esta razón, cada uno de ustedes ha sido formado en las 
manos de Dios, en el día que formaba a Adán, por ejemplo, en 
el reino de los cielos, para que tenga vida y en abundancia, 
hoy en día y por siempre, en la eternidad venidera. Es por 
eso, que Dios jamás les ha abandonado a pesar de sus pecados 
y de sus muchas rebeliones en contra de él y de su fruto de 
vida eterna, el Señor Jesucristo, como Adán y Eva lo hicieron 
en sus días de vida y de ceguera espiritual, en el paraíso, 
por ejemplo. Porque mayor es el espíritu de vida de Dios que 
está en ustedes y con ustedes, que aquel que está en el 
mundo, Lucifer, perdido eternamente y para siempre en sus 
profundas tinieblas del más allá, de su segunda muerte 
infinita, del lago de fuego.

(Feliz Prospero Año Nuevo 2007 para todos. Amén.)

 
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en 
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el 
Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un 
tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en 
tu vida de acuerdo, a la voluntad perfecta del Padre 
Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un 
fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de 
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos 
termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es 
verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán 
atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego 
del infierno, por haber desobedecido a la ley viviente de 
Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí 
contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. 
Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en 
Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos 
de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de 
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque 
en el reino de Dios su ley santa es de día en día honrada y 
exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos 
ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada 
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, 
cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de 
bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, 
cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada 
vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas 
bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa 
del más allá, también, en el reino santo de Dios y de su Hijo 
amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de 
las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en 
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas 
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová 
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para 
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero 
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en 
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está 
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del 
sábado y lo santificó". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de 
tu prójimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no 
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
prójimo". 

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, 
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, 
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Amén. 

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no 
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY! 

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
éste MUNDO y su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que 
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ 
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O ¿No 
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate 
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del 
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender 
mas de Jesús y su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros está a tu disposición, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. 

El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y 
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, por la eternidad.



http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
playertype=wm%20%20/// 




http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx




http://radioalerta.com
date: Wed, 03 Jan 2007 21:01:42 GMT   author:   IVAN VALAREZO

Google
 
Web myreader.co.uk


    COPYRIGHT 2007, YARDI TECHNOLOGY LIMITED, ALL RIGHT RESERVE  |   contact us